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Archivo para Abril, 2009
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Los 4 de Cómico en MyM
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El calco de Fábregas
A Julieta la conocà en X4, una radio que ya no existe. Era la tÃmida asistente de producción de un programa por el que pasé con pena y sin gloria como co- conductor. Después de un receso, me ofrecieron ser conductor en esa misma radio: dije sÃ. Me ofrecieron de compañera a Julieta: dije ¿qué? ¿Julieta? Es chica, le falta, no la veo. Propuse otro compañero pero él me rechazó, entonces me quedé con la opción original. El primer dÃa me sorprendió: la escuché natural, graciosa y compañera en la conversación. Lejos de los estereotipos femeninos, no construye un personaje de guarra ni juega a ser trola, sólo se dedica a exagerar con inteligencia en el aire las cosas que piensa y siente. Es muy buena amiga y comprensiva para con el mundo masculino que la rodea. Somos una dupla como Pimpinela o como Fernando Bravo y Teté. Se molesta cuando sabe que pierde una discusión y de vez en cuando practica con impunidad el ejercicio de hablar sin parar o de preguntar sin esperar respuesta.Â
A Pablo lo conocà en La Rocka, una radio que ya tampoco existe. Son trece años de compañerismo y amistad. Nos vimos alegres y tristes, solteros y en pareja, seguros y perdidos. Ahora yo soy papá y él a está punto de serlo. Nos embarcamos en decenas de proyectos juntos y, de alguna manera, todos los llevamos a cabo. Sin embargo, ahora recuerdo tres que no cobraron vida: ser guionistas de Ante Garmaz, ser productores de un gato que querÃa hacer radio y nos recibió en su bulÃn con su boca inundada de bótox para contarnos su idea y ser no sé qué de Javier GarcÃa, aquel que cantaba ”Tranquilo” o “Tranquila”, no recuerdo bien. Qué bueno que esos tres no se concretaron! Con Pablo tenemos cientos, miles de cosas en común. Pero lo más divertido son las diferencias: permiten que aprendamos, que uno se burle del otro y que la relación no se vuelva aburrida.    Â
A Peto lo conocà gracias a Cómico, hace siete años. Se convirtió en un ser indispensable en mi vida. Tenemos, a veces en el mismo tono, las charlas más triviales y profundas que uno pueda imaginar. Desconoce el talento que tiene o se hace el distraÃdo por humilde o por boludo. Lo poco que sé de teatro lo aprendà gracias a él. Tiene un extraño optimismo en las malas y un intolerable pesimismo en las buenas, cosa que me irrita en mis dÃas impacientes y me divierte en mis dÃas felices.
A Leandro lo conocà gracias a Pablo, que lo trajo a las primeras reuniones cuando este programa todavÃa no tenÃa nombre. Su presencia me marcó que yo dejaba de ser el más chico en los equipos y que alguien esperaba mis indicaciones. Lo peor para él es que yo hice su trabajo. Por suerte, Leandro tiene impulsos. Es inquieto, talentoso y sabe lo que quiere, al menos en el trabajo. Tener veintipico es un lÃo y Leandro los tiene y los lleva con inteligencia porque expone sus dudas y sus miedos de la mejor manera: con la escritura, con la música y con risa.
A Malena la conocà hace más de un par de años, gracias a Diego Reinhold. Malena es muy graciosa. Es un torbellino de sÃntomas woodyallenescos que la hacen divertida y su inocultable miedo a las tragedias la llevan a hacer los chistes más salvajes y a usar la maldad de una manera muy querible. Es fácil quererla y más fácil aún llevarla a la cama (un chiste que entraba bien) Todos los dÃas, tiene el paciente trabajo de llamarme para proponerme notas o contenidos para el programa. No siento culpa: también hice ese trabajo.Â
A Anita la conocà en Metro y Medio. Todos los que trabajamos en la radio lo sabemos: el operador es el único indispensable. Detrás de la consola, Anita pone su mejor sonrisa y se acomoda el flequillo para decirme qué hice mal y con su silencio supongo que me dice lo que hago bien. ¿O asà me dirá lo que hice muy mal? Es coqueta, buena compañera y la gran contenedora de las mujeres del equipo.Â
Por Sebast W.






